David y Rolando Aguilar: El Legado de Las Cañas

Las Cañas no es solo café. Es un ecosistema donde la
naturaleza y el trabajo humano se entrelazan.

El sol apenas asomaba sobre las montañas de Honduras cuando David Aguilar,
con su sombrero de paja y sus botas embarradas, recorría las 1,000 hectáreas
de 
Las Cañas, la finca que su familia ha cultivado con devoción
desde 1945.

A su lado, su hermano Rolando, con la misma determinación en la
mirada, revisaba las vacas que pastaban libremente por la propiedad. Las 70
hectáreas de café, divididas en ocho parcelas, brillaban bajo la luz matutina,
mientras el sonido de los tucanes y el rumor del viento entre los robles y
pinos llenaban el aire.

Raíces profundas

La historia de David y Rolando comenzó mucho antes de que ellos nacieran.
Sus abuelos compraron estas tierras en 1945, pero fue su padre, un hombre de 80
años (en el 2026) y una energía inagotable, quien en 1978 decidió dedicarse al
café, dejando atrás los cultivos de papa que dominaban la región.

"Antes,
el trabajo para el gobierno era el pan de cada día para mi padre"
, cuenta
David, "pero él vio en el café una oportunidad para construir algo
duradero". Su padre, especialista en cultivos de papa, transformó Las
Cañas
 en un refugio de biodiversidad y productividad. Hoy, David,
ingeniero agrónomo, y Rolando, ingeniero zootecnista, han llevado esa visión
aún más lejos, combinando el conocimiento académico —adquirido en la
prestigiosa Universidad Zamorano— con la sabiduría heredada.

Una finca viva

Las Cañas no es solo café. Es un ecosistema donde la naturaleza y el trabajo
humano se entrelazan. Las vacas, ordeñadas una vez al día, duermen bajo las
estrellas, y las más productivas pueden dar hasta 15 litros de leche diarios.
"El vaquero las vigila, pero ellas son libres", explica Rolando. El
café, cultivado entre los 1,300 y 1,600 metros de altitud, se cosecha en un
ciclo de 18 semanas, desde noviembre hasta marzo, comenzando por las parcelas
más bajas y terminando en las más altas y sombreadas.

La finca es un santuario para la fauna: jaguarundis, venados, tucanes,
gavilanes, culebras como el cascabel o la boa, e incluso un venado rescatado
años atrás que se reprodujo en libertad. "Aquí protegemos el bosque",
dice David con orgullo. "El agua abunda, y el café crece sano. Casi
siempre sacamos altos puntajes en las cataciones". Los árboles de sombra
—pinos, robles, guamas, guanacastes y pepetes— no solo resguardan los
cafetales, sino que también albergan una diversidad de frutales: naranjas,
aguacates, guineos, plátanos, limones, mandarinas y mangos. "Es para la
fauna, para los empleados, y un poco para vender", aclara Rolando.

Las variedades de café que cultivan —IH-Café 90, Lempira, Colombia, Obatá,
Catuai, Icatú y San Ramón— son el resultado de una evolución constante.
"Antes, mi padre tenía borbón, caturra, villasarchi, pero la roya los
arrasó. Tuvimos que adaptarnos", recuerda David. Ahora, podemos optar por
una transición hacia certificación orgánica si lo deseamos. "Usamos
fertilizante químico, pero nada de pesticidas."

El café como sustento

Para David y Rolando, el café es más que un cultivo: es una herencia, una
cultura y el sustento de Las Cañas. "Nos criamos en el
café", dice David. "De niños, ayudábamos con el abono a mano. Ahora
lo hacemos con tractores, pero el amor por la tierra sigue igual". Aunque
el precio del café ha subido, los costos de producción —fertilizantes, mano de
obra— han aumentado aún más. "El café da más ingresos que las vacas, pero
no ganamos más que antes", explica David. Aun así, les va bien. Su padre,
siempre innovador, ha añadido tres pequeñas lagunas cerca de la casa donde cría
tilapias, bagres y langostas, diversificando los ingresos de la familia.

El futuro de Las Cañas pasa por separar los batches de
café según su calidad, algo que ya hacen con precisión. "Sin catación,
sabemos cuáles son los mejores", asegura David. También sueñan con seguir
protegiendo el bosque y mejorar el beneficio húmedo, clave para mantener la
excelencia de su café.

Vida más allá del café

Fuera de la finca, David y Rolando tienen otras pasiones. David, casado con
dos hijas de 2 y 6 años, disfruta de la ganadería y alquila locales en La
Esperanza para generar ingresos adicionales. Rolando, por su parte, comparte
con su hermano un amor por Honduras y un rechazo rotundo a la corrupción.
"Queremos cambiar la idea de que Honduras es solo una república
bananera", dice David. "Este país es un paraíso: clima, naturaleza...
pero no aprovechamos su riqueza".

Para difundir su conocimiento, David creó The Coffee Republic,
un canal YouTube donde explica los secretos del café. "Amamos nuestro país
y queremos que el mundo vea lo que somos capaces de hacer", añade Rolando.

Un legado en movimiento

La familia Aguilar es un ejemplo de resiliencia y pasión. Su padre, a sus
80 años, sigue activo, y sus dos hermanas —una ya fallecida y otra
independiente en La Esperanza— forman parte de una historia que sigue
escribiéndose. "El café es parte de nosotros", concluye David.
"Es lo que nos da de comer, lo que nos une a la tierra y lo que queremos
dejar a las generaciones futuras".

En Las Cañas, el café no es solo un grano: es una promesa.

Datos de la finca

variedades: