Geobany Martínez
La Finca Montaña Verde
"El café es un rubro noble"
Son las primeras horas de la mañana en el occidente de Honduras, en las
faldas de la Sierra Congolón, cerca de la frontera con El Salvador. El aire
fresco y el microclima único de la zona, influenciado por el Pacífico, anuncian
un día más de trabajo en la Finca Montaña Verde. Yesler Geobany
Martínez ya está en pie, listo para recorrer sus 15 hectáreas de café,
distribuidas en los municipios de Gualcinse y Piraera, Lempira. No es un día cualquiera:
aquí, el café no es solo un cultivo, es un legado familiar que lleva tres
generaciones.
Geovany no trabaja solo. Junto a él están su
madre, Ilia Martínez, y su hermano Lenyn Martínez, con
quienes comparte la propiedad y la pasión por el café. Juntos, han convertido
la finca en un ejemplo de sostenibilidad y calidad. Cultivan variedades
como Parainema, IHCAFE 90, Lempira, Maragogipe y Catuaí Amarillo,
ya en producción, mientras que Geisha, Kenia SL 28, Pacamara y Etíope están
en fase de establecimiento, prometiendo perfiles únicos en el futuro. El 90% de
la finca está bajo la sombra de pinos, lo que protege los cafetales y
contribuye a un ecosistema equilibrado.
La altitud de sus parcelas —entre 1,250 y 1,600 metros sobre el
nivel del mar— y el clima definido, con seis meses de invierno y seis de
verano, permiten una recolección y procesamiento óptimos. "El café es un
rubro noble", dice Geobany, quien lo aborda con un enfoque empresarial y
sostenible.
Sabe que los desafíos son muchos: la mano de obra es escasa y cara,
y el cambio climático acecha. Pero su respuesta es clara: mejorar la
productividad y la calidad por área, estratificando las parcelas para
generar mayores ingresos y ofrecer un trato justo a sus trabajadores.
"Queremos que las ventas del café compensen el esfuerzo", explica con
determinación.
Geobany es un caficultor de tercera generación, pero su visión va más allá
de lo tradicional. Busca diferenciarse en el mercado de cafés
especiales. Su meta es clara: lograr que toda su cosecha llegue a
un cliente final que valore su trabajo, su calidad y su responsabilidad social.
Y aunque el café ocupa gran parte de su tiempo, no es lo único que lo define.
En sus ratos libres, disfruta llevando a su familia —su esposa y sus dos hijos,
aún pequeños— a caminar por la finca. También juega fútbol, su pasatiempo
favorito, pero siempre con la mente puesta en el futuro.
El café, para Geobany, es más que un negocio: es una forma de vida. Y
mientras el sol ilumina las montañas y los cafetales de Montaña Verde,
él sigue adelante, con la convicción de que su legado no solo perdurará, sino
que crecerá, grano a grano, con la misma pasión que heredó de sus antepasados.
Datos de la finca
15 hectáreas ubicadas entre 1.250 y 1.600 metros
90% bajo sombra de pino
Certificados orgánicos y Comercio Justo.
Variedades: Parainema, IHCAFE 90, Lempira, Maragogipe y Catuaí Amarillo