Humberto Ardon
No es un hombre de oficina, ni lo será nunca. "El café es amor",
Son las 5:45 de una mañana fría en las montañas de Honduras, cuando el sol
aún no ha asomado tras las colinas y el aire huele a tierra húmeda y a café
recién cortado.
Humberto Ardón ya está en pie, como cada día, listo para
recorrer sus fincas, que se extienden desde los 1.600 hasta los 1.950 metros de
altitud. No es un hombre de oficina, ni lo será nunca. "El café es
amor", suele decir, y en sus tierras, entre los árboles de pino,
liquidámbar, guamo y roble, encuentra la libertad que no cambiaría por nada.
Humberto no es un productor cualquiera. Sus 42 hectáreas, divididas en
varias parcelas, son solo el comienzo. También compra café a pequeños
productores de la región, a quienes les ofrece financiamiento y fertilizante a
cambio de café. Es un sistema que funciona: ellos obtienen recursos para
cultivar, y él, café de calidad para vender. Entre sus variedades, cultiva
Lempira, IH-Café 90, Catuaí y Obatá, cada una adaptada a las condiciones de sus
tierras, donde en algunas zonas la sombra es escasa por la altura, mientras que
en otras, los árboles protegen los cafetales del sol intenso.
El café no es solo su trabajo, es su pasión. Y aunque el clima en estas
alturas puede ser impredecible, Humberto sabe que cada grano que produce lleva
consigo el esfuerzo de generaciones. Su padre, antes que él, cultivaba café
indio, maíz y criaba vacas. Desde niño, Humberto trabajó a su lado, aprendiendo
los secretos de la tierra. Ahora, aunque su primo Miguel Pérez —con quien
creció y cuya madre es hermana de la suya— también forma parte de Cafesmo
Lenca, cada uno lleva su propio camino. "No trabajamos juntos, pero nos
apoyamos", comenta Humberto con una sonrisa.
En la finca, el trabajo nunca para. Tiene empleados fijos y otros que
llegan en temporada alta, pero el corazón de la operación sigue siendo él. No
concibe su vida de otra manera: "Jamás podría trabajar en una oficina,
sería aburridísimo". El campo es su espacio, su terapia. Allí se
desestresa, se siente vivo.
Pero Humberto no se conforma. Tiene metas claras: quiere desarrollar
relaciones a largo plazo con compradores europeos. Su capacidad le permite
ofrecer contenedores completos, garantizando perfiles de café consistentes,
todos de una sola finca. Actualmente, sus cafés alcanzan puntuaciones SCA de
83-84 sin esfuerzo, pero su ambición es llegar a 85-86. "Tengo tierras
suficientes para tener empleados y educar a algunos en la preparación de
microlotes", explica con determinación.
Y aunque el café es su gran amor, no es lo único que lo define. Humberto
también tiene un fuerte vínculo con el ganado. "Me crié con vacas junto a
mi papá", recuerda. A los 14 años ya negociaba la compra y venta de ganado
en la región, y hoy, aunque el café ocupa gran parte de su tiempo, el ganado
sigue siendo una pasión más. "Siempre estoy trabajando, no tengo otros
pasatiempos. El trabajo es mi pasión, no una obligación".
Datos de la finca