María Luisa Santamaría y su pequeño paraíso: Finca Santa María

Y aunque el café es una parte fundamental de mi vida, no es lo único que me define.

Recuerdo como si fuera ayer los días en los que, siendo una niña, acompañaba a mi padre entre los cafetales.

 Él me enseñó, con paciencia y amor, los secretos de la tierra: cómo podar, cómo cuidar cada planta y cómo reconocer el momento exacto en que el café estaba listo para ser recolectado. 

Hoy, años después, sigo esos mismos pasos en mi Finca Santa María, un pequeño paraíso de 2 hectáreas a 1,340 metros de altitud, donde el aroma del café se mezcla con el de los árboles frutales que pueblan el terreno: naranjos, mangos, limones y plátanos, que no solo dan sombra a mis cultivos, sino que también alimentan a mi familia.

El café para mí no es solo un trabajo, es una herencia. Cultivo Lempira y Obatá, variedades que he aprendido a querer y a dominar con el tiempo. Mi finca, aunque pequeña, es un espacio de tranquilidad y orgullo. Aquí, entre las plantas y el canto de los pájaros, encuentro paz. Y aunque trabajo sola la mayor parte del año, durante la cosecha cuento con la ayuda de dos trabajadores que me acompañan en las tareas más exigentes: la recolección, el mantenimiento y la limpieza. Pero incluso en los días más duros, no cambiaría este lugar por nada.

El café me ha dado mucho más que un ingreso. Me ha enseñado disciplina, me ha permitido ahorrar y, sobre todo, me ha dado la satisfacción de saber que lo que cultivo termina en las tazas de personas que lo disfrutan. Además, tengo un pequeño negocio en casa donde vendo ropa, zapatos y cosméticos, lo que me asegura un flujo constante de ingresos. Pero el café es mi reserva, mi seguridad. Cuando las ventas de ropa flaquean, sé que puedo contar con lo que la tierra me da.

Datos de la finca

La finca tiene 8,5 hectáreas y el terreno está situado entre 1.350 y 1.450 metros.

Hay abundante sombra. Una parte de ella proviene de viejos pinos, pero también de papayas y plátanos, de plátanos y de lima que he plantado. Hay algunos pequeños anacardos que planté no hace mucho, y mucha vegetación autóctona como liquidambar, pepitio, copalchio y guamo.

Aunque cultivo Pacas, Obatá e IHCAFE 90, el cultivar cada vez más dominante es Parainema.

Mis cafés son SHG y están certificados Comercio Justo, Orgánico y Rain Forest Alliance.