Yibeiry Flores, Finca
Las Cuevitas

Las mujeres de nuestra familia somos coraje y pasión.

Somos descendientes de la etnia Lenca y nos sentimos profundamente conectadas con nuestras raíces y tradiciones. Desde hace cuatro generaciones, hemos cuidado y cultivado estas tierras con amor y respeto, honrando el legado de quienes vinieron antes
que nosotras. Nuestra historia está tejida con esfuerzo y perseverancia.

Somos mujeres que cultivan con las manos y luchan con el corazón. Mi abuela empezó a trabajar la tierra cuando era niña, y ahora, más de siete décadas después, sigue fuerte y firme.  Fue ella quien me enseñó a  cortar café y a cuidar de la tierra durante las vacaciones, cuando no iba a la escuela.

Aún recuerdomuy bien mi infancia. Nuestra casa está a menos de cien metros del río, igual que la escuela a la que iba de pequeña. Durante los meses cálidos, cuando las plantas de café florecían pero antes de que crecieran nuevos granos, solíamos correr desde nuestra casa hasta el río para bañarnos y divertirnos. A veces, cuando hacía demasiado calor para ser soportable, corríamos directamente de la escuela al agua, sin ni siquiera molestarnos en dejar antes las mochilas en casa.

Eso no tenía por qué gustar a nuestros padres, pero éramos jóvenes y sólo pensábamos en divertirnos y refrescarnos. Todas esas aventuras que compartíamos de niños en nuestra pequeña comunidad crearon lazos para toda la vida. Compartíamos las comidas, los deberes, y aprendimos cómo compartir la alegría llevaba a más alegría, mientras que compartir los problemas disminuía la carga sobre nuestros hombros.

Ahora que soy adulta, trabajo mano a mano con tres generaciones de nuestra familia y también con los demás miembros de nuestra comunidad. La mayoría son mujeres, porque muchos de los hombres jóvenes de nuestra aldea se marcharon en busca de una vida mejor en Estados Unidos.

Me siento privilegiada por haber tenido la oportunidad de estudiar una carrera universitaria gracias a una beca de la Fundación Amigos del Café. Mi camino siempre ha estado ligado al café, no solo desde mis raíces, sino también en mi desarrollo profesional. He participado en voluntariados dentro del sector social de la caficultura y construido una carrera trabajando alrededor de este mundo. Inicié en una cooperativa cafetalera, luego colaboré en consultorías para proyectos enfocados en café, desarrollo empresarial y resiliencia comunitaria. Además, he tenido el honor de formarme como catadora de café,  fortaleciendo aún más mi vínculo con esta pasión que ha sido el motor de mi crecimiento.

Esas experiencias, tanto educativas como profesionales, han marcado mi vida porque
me han abierto un mundo. He aprendido a preparar cafés de alta calidad y
también he aprendido a presentarme y a presentar mis cafés a los tostadores, a
conectar con posibles aliados comerciales. Así que ahora utilizo esa
experiencia para apoyar a otros agricultores de nuestra comunidad a mejorar
también la calidad de sus lotes de café y a encontrar un mercado juntos, como grupo.

En cuanto a mi propia tierra, actualmente cultivo café en 4 hectáreas y estoy en
proceso de desarrollar otras 3.5 hectáreas adicionales. Mi finca se encuentra a
1,750 metros de altitud, en medio de un bosque de pinos que proporciona
abundante sombra natural. Gracias a este entorno, mi café madura de maneralenta, uniforme

y controlada, lo que contribuye a su calidad.

Además, planeo plantar melocotes y cítricos en los espacios
donde aún no hay cobertura de pinos, diversificando así la producción y
aprovechando al máximo la tierra.

Para mí, la familia es un pilar fundamental, y tengo la fortuna de aprender cada día
de la sabiduría y experiencia de mis abuelos. Su presencia en mi vida es un
regalo invaluable. Mi abuelo, que ahora tiene 86 años (en 2025), es quien seca
y prepara la mayoría de nuestros cafés. Su perseverancia y su inmensa
trayectoria son un gran ejemplo para mí. Sólo puedo soñar con vivir una vida
tan larga y enriquecedora como la suya. Te invitamos a visitarnos en nuestra aldea o en nuestra finca.

Aquí podrás disfrutar
de una taza de café cultivado con amor y, si el calor aprieta, refrescarte en
el río con nosotros, tal como lo hacíamos de niños. Estaremos felices de
compartir nuestra historia contigo.

Datos de la finca

4 hectáreas cultivadas a 1750 metros. Otras 3,5 hectáreas en desarrollo.

Sombra de pinos

 

Variedades: IH-Café 90, Lempira, San Ramón